GOL EN EL DIA DE LA AMISTAD

GOL EN EL DIA DE LA AMISTAD 

En un día soleado y radiante, el ambiente vibraba de emoción en el estadio de la Universidad Nacional de Piura. Era el día de la Amistad, una fecha especial que no solo celebraba los lazos entre amigos, sino que también reunía a la comunidad universitaria en un torneo de fútbol amistoso. Para mí, este día tenía un significado aún más especial, ya que mi amigo de toda la vida, Nilson, había venido a verme jugar.

 


Mientras calentaba junto a mis compañeros de equipo, sentía una mezcla de nerviosismo y entusiasmo. Sabía que Nilson estaba en la tribuna, y quería dar lo mejor de mí en el campo para hacerlo sentir orgulloso. Desde que éramos niños, Nilson había sido mi apoyo incondicional, siempre animándome en cada paso del camino.

El pitido inicial marcó el comienzo del partido, y rápidamente nos sumergimos en la intensidad del juego. Ambos equipos luchaban con determinación, buscando marcar la diferencia en el marcador. A medida que avanzaba el partido, las oportunidades de gol surgían y desaparecían, pero ninguno de los equipos lograba capitalizarlas.

 


Hasta que llegó el momento decisivo. Un centro perfecto desde el costado derecho del campo encontró mi cabeza en el área contraria. Con un salto preciso, conecté el balón y lo envié hacia la portería con toda mi fuerza. El estadio estalló en un rugido de alegría cuando el balón golpeó la red. ¡Gol! Era un momento de éxtasis, pero mi mente rápidamente se dirigió hacia Nilson en la tribuna.

Miré hacia arriba, buscando su rostro entre la multitud, y cuando nuestros ojos se encontraron, levanté mis manos en señal de dedicación. La sonrisa en su rostro lo decía todo: estaba feliz y orgulloso de mí, como siempre lo había estado. En ese momento, sentí una profunda gratitud por tener a alguien tan especial como Nilson en mi vida.



El partido continuó con la misma intensidad, pero esta vez defendimos con todo lo que teníamos para mantener la ventaja. Sin embargo, el equipo contrario logró igualar el marcador con un gol en los minutos finales. Aunque no conseguimos la victoria, el espíritu deportivo y la camaradería reinaban en el campo.

Después del partido, nos reunimos con nuestros amigos y compañeros de equipo para celebrar el día de la Amistad. Entre risas y abrazos, compartimos historias y recuerdos, recordando lo especial que era tener amigos como familia. Y aunque el resultado del partido no fue el que esperábamos, el verdadero triunfo estaba en el valor de la amistad y el apoyo incondicional que nos brindábamos unos a otros.

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